Alcázar de Venus: "Entre la Nieve y la Mar"

 
 

 

 

15/08/2005

VIVIR

La gran fiesta alpujarreña

Tradición, música, arte y gastronomía en la cita anual del festival de la Alpujarra, que este año eligió Rubite para su celebración

RAFAEL GAN/RUBITE

La Alpujarra mueve montañas. Así es y así se demostró ayer mismo en Rubite, pequeño y encantador pueblo de la Alpujarra baja que acogió el XXIV Festival de Música Tradicional. Y es que para hacerlo tuvo incluso que desmontar un cerro cercano a fin de acoger la infraestructura necesaria de una celebración anual que reúne cada año a varios miles de personas en un solo día. Una cita indispensable en el calendario alpujarreño que está a punto de cumplir un cuarto de siglo de vida. Un festival multitudinario, alegre, caluroso y con éxito de público y de organización que llenó de gente, música y baile la tierra de los buenos, que es como se conoce esta parte de la Alpujarra que mira al Mediterráneo.

Una enorme carpa, cientos de sillas, 26 grupos participantes, 12 horas de actuaciones, homenajes, música, gastronomía, trajes típicos, faldas campesinas, sombreros de faena, esparteñas en los pies, delantales, castañuelas Con estos ingredientes se 'cocinó' esta jornada intensa que se convierte cada año en un encuentro de alpujarreños de los cuatro costados de la comarca, de tierras almerienses o granadinas, todos juntos. Desde Laujar o Vícar hasta Cádiar o Laroles.

Disputa dialéctica

En el escenario dos grandes troveros: Sotillo y Sevilla. Dos amigos enfrentados esta vez, en sana disputa dialéctica, sobre el uso del móvil al volante. Uno defendiendo su uso, el otro atacando su empleo con las únicas y poderosas armas de la palabra. Ancestrales quintillas afiladas, mente rápida, sabias rimas, sentido del humor que hace las delicias del público: «Es una equivocación, ni te entienden ni te entiendo porque no llevas razón, al que habla conduciendo deben meterlo en prisión», sentencia Sevilla.

Saber hacer de troveros consumados y primeros pasos de otros jóvenes que retoman la tradición, la escuela infantil de trovo de Murtas. Jóvenes poetas que ya desgranan sus versos y auguran un porvenir a la cultura de la comarca. O los niños y niñas de Rubite con su romance de Rosalinda. Espoleados por sus padres, orgullosos de verlos sobre el escenario con sus trajes típicos, dando vida a una canción de siglos pasados.

El calor aprieta bajo la carpa pero los abanicos ayudan bastante y la música de violines y bandurrias apacigua los grados de más. Son 12 horas intensas que dan para mucho y los grupos se suceden sobre el escenario bajo la atenta mirada del jurado. Expertos musicólogos, antropólogos y otros estudiosos de las tradiciones que valoran el trabajo de cada uno de ellos. Son horas de estudio, de rescate de canciones, de ensayo que se juzgan ahora. Viejos romances de los abuelos, canciones de rueda recuperadas, juegos de trilla o cante mulero de Murtas o Albondón.

La gente va y viene, se sienta, deja su sitio a otros. Otros se levantan, buscan bebidas, comen algo, se reencuentran con amigos y conocidos. Y así, mientras el grupo San Miguel de Mecina Bombarón escenifica el trabajo en la tahona, otros dan cuenta de la excelente gastronomía alpujarreña, presente en el evento. Productos de la Murteña, jamones de Trevélez, dulces de Ugíjar, garbanzos tostaos, goloso turrón de la arqueta de Miguel Y es que los puestos de productos autóctonos de la comarca acaparan tanta o más atención que los bailes tradicionales, el robao o la mudanza.

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