Alcázar de Venus: "Entre la Nieve y la Mar"

 

 

22/01/2006

Provincia

El pueblo de los mil acentos

Dos de cada diez personas censadas en Albuñol son extranjeras Una veintena de nacionalidades distintas conviven sin problemas

J. M. CHICHARRO //FOTOS: ALFREDO AGUILAR / ALBUÑOL

YA somos más de 44 millones de habitantes en España y de ellos el 8% inmigrantes, un colectivo que empieza a transformar los censos y la sociedad. En Albuñol, el pueblo granadino con más inmigrantes entre sus vecinos, saben mucho de eso porque de cada diez personas censadas, dos no han nacido en el pueblo. Cerca del 20% de la población es extranjera, aunque ese porcentaje sube mucho más si se tienen en cuenta los inmigrantes no censados en el municipio, pero que viven y trabajan en Albuñol. Por poner un ejemplo, en el censo municipal aparecen 730 marroquíes, «pero la población real será de 1.300 o 1.400», asegura Juan Cristóbal Ruiz, responsable del Centro de Adultos de la localidad, un centro que a veces da la impresión de ser una oficina de atención al inmigrante pero que, afirma, lo único que pretende es «atender de forma directa la problemática social de los inmigrantes para lograr una integración real y efectiva».


El Centro de Adultos puede servir como ejemplo para ilustrar cómo se ha ido modificando la vida en Albuñol desde que a principios de los noventa comenzaron a llegar los primeros marroquíes.


«Al principio les ofrecíamos cursos para aprender español. Poco a poco hemos tenido que adaptar nuestras funciones a sus necesidades», apunta. Ahora el centro enseña español, pero también ayuda a sus alumnos extranjeros a desenvolverse en el día a día en todo lo que necesiten: vocabulario básico para poder trabajar en el campo, cómo solicitar un préstamo, información sobre atención sanitaria, clases para conseguir el carnet de conducir, formación laboral... «Además, durante este curso hemos iniciado tutorías en Educación Secundaria con el fin de facilitar a nuestros vecinos mayores de 18 años el acceso a una titulación. Y quiero dejar claro que no sólo se ofrecen cursos a extranjeros, sino que toda la población tiene acceso a los mismos. Gracias a ello estamos logrando una integración real. En muchos cursos tenemos grupos de extranjeros y españoles juntos, aprendiendo a la vez. Eso es lo importante», destaca Juan Ruiz, responsable de un centro que ha tenido que adaptarse a la nueva realidad social de la localidad. Y es que en Albuñol, en 1993, había 55 marroquíes. Hoy son más de mil. Y no hay sólo marroquíes. En el censo se recogen personas de 18 nacionalidades distintas. Lituanos y rumanos son, tras los magrebíes, los grupos más numerosos. Pero también hay rusos, ucranianos, búlgaros, polacos, brasileños, colombianos... y suecos, alemanes, ingleses. No todos ellos han venido por el mismo motivo. Unos buscan trabajo. Otros, simplemente, sol. Pero todos viven en el mismo pueblo, mezclándose con los vecinos de Albuñol. Y sin problemas.


«Ellos vienen a trabajar y a vivir tranquilos. Hay de todo, claro, pero como en todas partes. Yo nunca he tenido problemas con ellos. Se portan bien», dice María Manzano, vecina de Los Castillas, pedanía de Albuñol en la que la presencia marroquí es muy intensa. «Ser malo o bueno no tiene nada que ver con tu tierra o de dónde vengas. Mala gente hay en todos los sitios. Y buena también. Yo estoy muy a gusto con mis vecinos», apunta María.

Rubia

El Albuñol se escucha el español con miles de acentos. El de Lina se parece al de los rusos de las películas de Hollywood. Es lituana, rubia, joven y lleva unos pocos meses en el pueblo. Trabaja en uno de los tres locutorios de la zona. Chapurrea un español que le permite comunicarse sin excesivos problemas. Por su locutorio pasan a diario personas de muchas nacionalidades. «Los que más llaman son rumanos y 'moros'. Todos muy bien, muy buen, bien gente», acierta a decir. A la hora de comentar cómo va el negocio, Lina usa una expresión que denota que ya tiene 'controlado' el castellano. «Tirando», deja caer con una sonrisa.


Los lituanos son el grupo que más está creciendo en Albuñol. Ya hay censadas 154 personas, pero su población real pasa de trescientos. En el pueblo se reconoce que tienen 'mal beber', pero tampoco se puede decir que sean problemáticos. «Es cierto que algunos, cuando llevan dos copas de más, dan ciertos problemas. Pero no es la norma. Aquí nunca se han producido tensiones entre vecinos de Albuñol y otro grupo de inmigrantes. Alguna vez hay peleas, pero entre miembros de la misma nacionalidad, por las típicas tensiones que crea la convivencia. Nunca se han producido brotes de racismo», señala Juan Cristóbal Ruiz.


Albuñol está cerca de El Egido. Allí se desató una verdadera 'caza al extranjero' a principios del año 2000. Por aquel entonces Boughaleb Elkhaldi ya trabajaba en Albuñol. Llegó en 1991, «de los primeros», recuerda. Reconoce que en aquellos días de principios de 2000 el miedo se notaba entre los pocos marroquíes de Albuñol. «Lo vimos por la 'tele' y hubo un poco de tensión. No sabíamos si se eso que estaba pasando se podía extender. Pero no pasó nada. Nadie nos dijo nada y muchos vecinos incluso nos tranquilizaron. Aquí nunca he tenido problemas», afirma.


Y es que Albuñol puede ser considerado un perfecto ejemplo de integración. Es cierto que en algunas zonas se están creando 'guetos', pero esa situación responde más a un tema económico más que racial. «Los que menos dinero tienen, buscan alquileres más baratos. Y es más barato un piso en La Rambla de Huarea (pedanía de Albuñol poblada en su mayoría por marroquíes). No obstante, tengo que reconocer que no me parece positivo que todos lo de una misma nacionalidad vivan en el mismo sitio», apunta Juan Ruiz.


El mejor ejemplo


El mejor ejemplo de integración lo dan los niños pequeños. En las clases de Infantil del Colegio Público Rural Las Ramblas conviven niños españoles con marroquíes. No sólo no hay problemas, sino que su amistad es más que evidente. «Son amigos dentro y fuera de clase. Se invitan a los cumpleaños, hacen los deberes juntos... la integración es total», apunta Begoña Garrido, profesora del centro. Un dato habla por sí mismo para explicar cómo la población inmigrante está ayudando a recuperar la población de zonas rurales como Albuñol: en una de las clases del colegio Las Ramblas no hay niños españoles. Son siete marroquíes y un inglés. Todos son vecinos de Albuñol, pero ninguno nació aquí. Ninguno, tampoco, se siente extranjero en una localidad en la que se hablan muchas lenguas y conviven varias razas. Todos juegan con todos y demuestran que la integración en esta localidad es una realidad tan evidente como esperanzadora. «Además, Los niños están consiguiendo que sus padres se relacionen entre ellos, lo que también ayuda a que todos se conozcan entre sí. Y cuanto más se conocen, menos problemas y rechazos se producen», explica la profesora.

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