UN PASEO
POR EL PUEBLO.
Al llegar a la entrada del pueblo dejamos a la
izquierda la casa de
Consuelo toda ella rodeada de macetas, flores y plantas, y cuya fachada está
protegida por un rosal trepador y un hermoso parral. Justo delante de tu vista,
girándola un poco a la izquierda y al comienzo de la calle Santísima trinidad, que
nos llevaría al barrio Bajo, verás la puerta
(protegida por cortina de tiras) y la ventana del bar, pequeño y único
bar de Alcázar. En él, Pili y José Miguel se esfuerzan porque los
parroquianos, generalmente escasos, nos encontremos a gusto. El bar más que un
negocio es un servicio a la comunidad; además de los refrescos, licores, café
y demás bebidas, algo propio de todo bar, también los más pequeños pueden
hacerse de la infinidad de “chuches” que tanto les gustan y en verano de los
ricos helados. Si avisamos con tiempo suficiente Pili nos podrá preparar algún
rico plato con el que reparar fuerzas o degustar lo que ella cocina tan bien.
Durante los fines de semana, sobre todo en época de caza, nos suele sorprender
con unas riquísimas tapas de jabalí perfectamente aderezadas; si no, las tapas
son las propias de aquellos lugares en donde no se espera mucha bulla:
patatillas fritas, manises, queso o jamón, que no precisan de mucha preparación.
Siguiendo la carretera que
nos lleva a Torvizcón, subimos una pequeña cuesta que nos deja ver la fachada
de la iglesia del pueblo, bajo la advocación de Nuestra Señora la Virgen del Rosario.
Antes de llegar, a la izquierda hemos dejado otra callejuela que nos lleva al
barrio Bajo, donde podemos contemplar verdes macetas en el rincón de las casas
de Emilia y Rosendo, el balcón de Anita Correa con sus preciosos coleos o,
bajando un poco más, flores y macetas que adornan el callejoncillo empedrado que forman
las
casas de Pili y María la de Vicente Correa. Antes de llegar a la plaza
de la Iglesia, a la derecha, hemos dejado los patios de Mariceli cubiertos de
frondosas parras durante la primavera y el verano e inundados de helechos,
pilistras y otras plantas siempre verdes; a la izquierda unas escalinatas que
conducen a la Placilla de Abajo y, de nuevo, al barrio Bajo. La Placilla siempre
desierta excepto en los días de fiesta, pues es allí donde se llevan a cabo
las verbenas nocturnas y las cucañas infantiles diurnas.
La plaza de la Iglesia se
encuentra rodeada por vetustas acacias y aliantos y en ella está la iglesia, un
edificio mudéjar de tres cuerpos: la nave central, el presbiterio y la sacristía
sobre la que se eleva la torre campanario. El edificio, todo hecho de ladrillo
árabe, deja ver este material en las partes
más altas, en las bajas, en la época moderna, el ladrillo fue recubierto de
argamasa posteriormente blanqueada. En su interior apenas queda nada de lo que
fue: ya no existe el retablo, el coro o el púlpito, tampoco las imágenes de
antaño; todo ello se lo llevó el fuego de la barbarie fanática o el pseudo
modernismo o ignorancia de algunos párrocos. Hoy se conservan un hermoso
artesonado de madera en la nave central, la bóveda del presbiterio y las
renovadas imágenes que sustituyeron a las destruidas, todas de poco valor artístico
pero de un fuerte valor emocional para los habitantes y naturales de Alcázar <<Ver
la iglesia por dentro>>.
A la derecha de la iglesia tomamos un callejón que,
entre las macetas y flores que Ana la de los Gallegos cuelga en el muro de la
derecha, nos va a llevar a la fuente del barranco y desde aquí a la parte más
alta del pueblo
donde se encuentran las escuelas. En la actualidad una sola escuela a la que
acuden los 9 niños y niñas de Educación Infantil y Primaria, los 4 ó 5 de
Secundaria bajan en autobús a Órgiva todos los días. La escuela forma parte,
junto con las de otros anejos, del Colegio
Público Rural “El Alféizar”. Éste es el único lugar del casco
urbano desde el que podemos comunicarnos con el exterior a través del teléfono
móvil, sea cual sea la compañía; también es un punto ideal para observar una
bella vista del pueblo, de los cerros y del barranco de Alcázar hasta que en el
horizonte nos topemos con Sierra Nevada. Algo más arriba de la escuela se
encuentra el depósito de agua potable que abastece a la población con agua
procedente de los nacimientos de las Cabañuelas, el Gayumbal y el barranco del
Castaño. Toda esta parte del pueblo es conocida como “La Fuente” y en ella,
además de la fuente del barranco (que le da nombre al barrio) y la alberca de
riego del pueblo, también se encuentran los dos antiguos molinos de aceite: el de
Santiago Escudero, hoy en ruinas, y el de Esteban Gómez, en desuso.
De las escuelas volvemos de
nuevo a la fuente, al pie de la casa de Agustín y Encarna la del Correo, donde nos
refrescamos;
a la izquierda dejamos el callejón repleto de flores de Lola la de Luis y
bajando nos encontramos con el vergel que es la casa de Loli y Pepe; en cada
rincón, en cada espacio, tus ojos se recrean con pequeñas o inmensas macetas,
árboles y arbustos con flores de todas
clases, amén de los parrales repletos de uvas varias; de las ventanas y
balcones cuelgan los geranios de todo tipo que con primor cuida Loli a lo largo
de todo el año. Al girar a la derecha vemos el nogal centenario del huerto de
la Fuente, a su sombra se encuentra la fuente de la Cerquilla con agua de
manantial no tratada con cloro, pero que muchos habitantes del pueblo la
prefieren a la hora de beber o guisar.
Bajamos y de nuevo estamos en la carretera que por la derecha nos lleva a Torvizcón y por la izquierda nos vuelve a la plaza de la Iglesia. Tomamos la calle contigua a la carretera y subimos dejando atrás el viejo horno de pan de la casa de José y Encarna de los Bancales, la verde chinita que cubre la roca que sirve de cimiento a las casas de Joaquín y Josefa, por un lado, y de Esteban por otro, y tras dar vista de nuevo a la Sierra a través del Corral de González, llegamos a la casa de Araceli Acosta donde nos extasiamos viendo las macetas que cuelgan de la terraza que sirve de entrada a la vivienda; giramos a la derecha y llegamos a la Placeta donde se encuentra la casa de Mariquita la de Esteban Gómez desde cuya terraza quizás se contemplen las vistas más completas de todo el pueblo y de sus alrededores.
Desde la Placeta, después de
observar el barrio de la Fuente, la iglesia, el barrio Bajo y el Cerrillo,
bajamos por donde se encontraba la tienda
de la “comá” Josefa y dejamos a la derecha las fachadas inmaculadas de
Maria la del la Pilar y la de Pepín y Elena, ambas atestadas en sus
macetas o arriates de geranios, don pedros y un más que oloroso galán de
noche. Seguimos el camino por las traseras del pueblo hasta llegar al Cerrillo
desde donde podemos contemplar una vista distinta del pueblo. Los rincones de
las viviendas de Manuel, Lola Medina y Mary la de Agustín; los de la Pilar,
Mary Carmen y Juan el de Alfornón;
así como los de las casas de Maruja la Paco el de la Alberquilla y la de
Miguel el de las Carrillas, son lugares en los que podremos recrear nuestra
vista observando plantas y flores de casi todas las variedades; también lugar
ideal para tomar el sol en cualquiera de sus recachas durante los soleados días
del frío invierno.
Seguimos rodeando el pueblo y, en lugar de volver a la plaza de la Iglesia por la calle en la que se encuentra la casa Pintada, antigua propiedad de las Martínez, después de Serafín “Roberto” y actualmente de tres de sus hijas (en su huerto aún se conservan algunos morales que, además de brindarnos sus deliciosas moras negras también nos recuerdan lo importantes que fueron, en un tiempo, en la economía alcazareña por la cría del gusano de seda; y un azofaifo que, en otoño, nos obsequia con su exquisito fruto), tomamos el camino hacia la Higuerilla. Pasamos por la puerta de Margarita (Meg Robinson), nuestra nueva vecina, irlandesa y pintora o pintora e irlandesa, que no se sabe qué es primero. Su casa además de ser su vivienda habitual es también un lugar de retiro que Margarita ofrece a aquellos artistas o personas de un determinado espíritu y forma de vida que deseen disfrutar de la paz y el recogimiento del pueblo en general y de su casa en particular (para más información ver: http://www.healingartjourneys.com/ ), nos dejamos a la izquierda las exuberantes chumberas de la haza de Paco el Recovero y a la derecha la nueva casa de Julián y Maruja Cañadas para llegar a la última casa del pueblo en la Higuerilla. Nos paramos junto a la casa de Angustias y podemos ver al fondo la rambla, por encima de ella el Chaparral, a este lado de la rambla los huertos desde la curva del Moral hasta los Callejones, al frente el barrio Bajo, la iglesia y en lo alto las escuelas. Bajamos hasta el barrio Bajo dejando a la derecha los huertos de José Domínguez (Pepe "el Albañil", que de esta forma también es conocido), con sus limoneros luneros llenos de frutos todo el año y, a partir del mes de marzo con las habas, hortalizas y verduras más tempranas de todo el territorio. El barrio Bajo es un conjunto dominado por los Domínguez, todos los hermanos y algunos de sus hijos tienen allí su casa, sólo existen dos islas que pertenecen a un malagueño carpintero que no hace mucho se ha afincado en Alcázar y a José Miguel y Pili linderos con Pepe. Desde la buganvilla de la casa de lo hondo hasta los parrales y macetas de Carmen y su hija en la parte de arriba toda la cuesta, y todo el barrio, es un jardín en el que de vez en cuando se oye el canto de uno de los pájaros de perdiz que Pepe tiene en jaulas que cuelgan de la fachada de su casa.
Carmen, en el barrio Bajo, regenta la única tienda del pueblo, verdadero Drugstore de los pueblos del oeste americano durante su colonización. En ella se puede encontrar de casi todo: desde unos calcetines a un pollo congelado, harina para las migas o una lata de atún en escabeche; Carmen cuenta en pesetas, pero te cobra en euros.
Una vez en lo alto del barrio
Bajo, giramos a la derecha y pasamos por la casa de Rafael y su madre, Isabel, y
la del “Niño de la
Alpujarra” (Antonio "el Molinero"), un poco más abajo la de Antonio
“el Juez” y la de Manolo “el de Motril”, en todas las cuales sus
entradas o interiores están protegidos por parrales, o adornados de flores, o
ambas cosas. Llegamos a la esquina de la calle Santísima Trinidad (la que desde
el bar nos traía al barrio Bajo) con las escalinatas que bajan desde la Plaza y
la Placilla al barrio Bajo. Esta calle está ocupada, prácticamente, en su
parte derecha por la vivienda que fuese de doña Araceli, después de Santiago
Escudero y hoy de su nieta Carmen, donde vive con su padre. Esta casa también
fue en un tiempo escuela y en ella se encuentran los huertos más frondosos del
pueblo y Carmen cuida en su interior de terrazas y patios al más puro estilo arábigo-andaluz; su padre, Vicente Gómez (Vicentico),
elabora uno de los mostos más exquisitos del contorno. En esta zona del pueblo
se encuentran las bodegas de cuatro de los últimos cinco que elaboramos nuestro
propio vino en Alcázar y, sin desmerecer a ninguno, ni al mío propio, no me
duelen prendas en asegurar que el de Vicente, probablemente, sea el de mejor
calidad de todos.
Dejando a la derecha el jardín, colgante como los de Babilonia, de la casa de Pepe y Mary (los del Molino) donde deja ver sus palmas la hermosa palmera que ocupa el centro del mismo, subimos la escalinata que nos lleva a la Placilla de Abajo y de nuevo a la plaza de la Iglesia lugar en el que concluimos nuestro paseo por el pueblo.
Los 75, uno arriba o abajo, habitantes permanentes de Alcázar de Venus y los 20 ó 25 fluctuantes de fines de semana y vacaciones, además de los servicios recogidos durante el paseo también disponemos entre otros de los siguientes:
En la Plaza de la Iglesia se encuentra el Consultorio Médico en el que pasan consulta un facultativo y un ATS los lunes, miércoles y viernes no festivos; para emergencias hay que acudir al Centro de Salud de Órgiva o al Hospital Santa Ana de Motril.
Esta plaza es el lugar en el que aparcan la mayoría de los automóviles que llegan al pueblo, también es el lugar en el que, después de avisarnos con sus estridentes toques de claxon el camión, furgoneta o coche: de la fruta (los sábados), del pescado (sábados y el día que menos lo esperas), de los veinte duros (algunos viernes por la tarde o sábados por la mañana), del mercadillo de la ropa (domingos) de los congelados (los viernes en verano) y algún que otro despistado que pase por Alcázar, nos pueden suministrar productos frescos o aquellos otros que nos olvidamos de traer desde donde hacemos nuestra compra de modo habitual: Órgiva, Torvizcón, Motril, Granada... El pan nos lo sirven los panaderos de Rubite en el Barrio Bajo (la tienda de Carmen) o en la parte alta del pueblo en la casa de Loli (lunes, miércoles, viernes y sábados), si no puedes estar cuando llegue el panadero deberás haber encargado el pan con antelación.
Una vez concluido nuestro paseo y haber disfrutado de la tranquilidad y paz de las distintas calles del pueblo, después de haber oído el "melodioso" ladrido de los canes que nos hemos ido encontrando a lo argo del paseo y tras llevarnos en nuestras retinas o en las cámaras las bellas imágenes que nos brindan los distintos rincones alcazareños, podemos bajar al bar y refrescarnos un poco a la par que descansamos y reponemos fuerzas.
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